ESCUELA DE PARTICIPACIÓN:
    Actividades y tareas realizadas por el alumnado del curso de la Universidad de Zaragoza, coorganizado con el Gobierno de Aragón: Certificación de Extensión Universitaria en Técnicas de participación ciudadana.


    Breve crónica de la clase impartida por QUIM BRUGUÉ, el 13/2/2018:

    Por Luis San José Fernández

     

    Segunda sesión del curso de Técnicas de Participación Ciudadana, impartida por Joaquim Brugué con el tema Participación Ciudadana. De la teoría a la práctica.

    El sentido de la participación ciudadana, según @QuimBrugue, ha diferido según la época económica en que nos hemos encontrado en España.

    En época de bonanza, han coexistido dos aspectos un tanto antagónicos: por un lado, el escaso interés del individuo, que no demanda a la Administración la puesta en marcha de procesos, siendo además difícil hacerle participar, y por otro lado, la banalización y puesta en marcha de procesos irrelevantes con el único objetivo de acceder a la oportuna subvención. Por ejemplo, en Cataluña, en los años 90, se asignaban 3 M €/año para estos procesos entre sus Ayuntamientos, lo que se traducía en una “caza” a la subvención, y en un hartazgo de los Consejos participativos.

    Cuando llega la época de dificultades y los gobiernos han de abordar, entre otros, los llamados wicked problems (problemas malditos) de alta complejidad, los políticos persisten en la participación, aún a pesar de las dificultades que ello conlleva. Esta persistencia encuentra respuestas dispares, desde los que opinan que los ponen en marcha porque no saben qué hacer, a los que piensan que sin la participación de la ciudadanía no conseguirán gobernar y que las soluciones inteligentes son las que se adoptan democráticamente. El reto de este siglo no es la eficiencia, es la inteligencia.

    Al poder hay que decirle siempre la verdad “experta”. Una buena política puede decepcionar al ciudadano, pero nunca mentirle. Una buena política democrática no consiste en hacer siempre lo que quiera el ciudadano, sino en escucharle, tener en cuenta lo que dice y hacer lo más conveniente para el conjunto de la ciudadanía, sin perder la autoridad.

    Es comprensible que, para dar respuesta a los grandes problemas que pueden desbordar a las administraciones, la política tenga que emplear nuevos estilos basados en la participación ciudadana, aprovechando el intercambio de conocimientos entre los distintos actores. Esto exige a las administraciones cierto grado de transformación interna, aparcando los rodeos y hablando con claridad, evitando lo superfluo y buscando resultados, dejando de tener como meta el cultivo del “ciudadano-cliente”, en resumen, siendo políticos valientes.

    Finalmente, una vez definidos el porqué, el qué, el quién y el cómo ha de llevarse a cabo un proceso participativo, establecer ese diálogo en tres grandes fases:

    1. Explicación de cuál es el objetivo perseguido así como de lo que NO queremos hablar. El ciudadano puede sentirse frustrado pero nunca engañado.
    2. Escuchar todo lo que el ciudadano tenga que exponer de forma clara y ordenada en los foros de debate.
    3. Responder a todas las aportaciones emanadas, indicando como han sido tratadas.
    Lo importante es comprender que el diálogo ha de ser un intercambio de argumentos diverso y respetuoso que nos conduzca a encontrar la mejor solución para el conjunto de la sociedad.

    Lo importante es comprender que el diálogo ha de ser un intercambio de argumentos diverso y respetuoso que nos conduzca a encontrar la mejor solución para el conjunto de la sociedad.

     

    Luis San José Fernández

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