Post de Rodrigo Savazoni, incluido en el hilo de artículos que forman parte del  Tema-LAAAB ‘Experimentar [en/con/a través de] las instituciones’ capitaneado por Paola Ricaurte.

    El LABxS (Lab Santista) es el laboratorio ciudadano que el Instituto Procomum (IP) ha creado en Santos, litoral de la província de San Pablo, Brasil. Trabajamos en ese proyecto por el fortalecimiento de la sociedad civil en nuestro país, buscando encontrar formas imaginativas y osadas para alcanzar ese objetivo.

    Nuevos procesos de mediación social, humanos y no humanos, están surgiendo. No es posible profundizar en este punto, pero los debates sobre la economía de los datos personales, las máquinas de aprendizaje (machine learning) , los algoritmos colocan las plataformas de redes sociales como un agente político de enorme centralidad en el mundo actual. En un escenario como este, necesitamos superar la idea de participación ciudadana – incluso la idea de que plataformas tecnológicas pueden producir mejor participación – para generar procesos de coproducción política.

    Con la democracia en profunda crisis, ya no basta solo con escuchar la ciudadanía. Lo que necesitamos es reasumir el poder de solucionar con nuestras propias fuerzas (cuerpos e ideas) los problemas sociales. Inventando para ello, incluso, nuevas institucionalidades que respeten esos otros modos de hacer. Esa es la propuesta de los laboratorios ciudadanos.

    Pero ¿cuáles son las características específicas de los laboratorios ciudadanos? Lejos de responder a esa pregunta, esta pequeña nota solo pretende defender dos pequeños puntos de vista que pueden contribuir para aclarar lo que tenemos y lo que no tenemos que hacer.

    En los últimos años se han creado diferentes tipos de laboratorios destinados a la innovación. En este diagrama que acá comporta, resultado de unas dinámicas de discusión en nuestro grupo de estudios sobre el procomún, buscamos especificar en que un lab ciudadano se diferencia de otras iniciativas lideradas en gran medida por grandes corporaciones o incluso por algunos gobiernos.

    Startups, aceleradoras, incubadoras cuya finalidad es renovar el capitalismo se encuentran en el cuadrante de la innovación para la perpetuación del neoliberalismo. Los diversos intentos de renovar las políticas industriales (incluso la agroindustria) tan características de América Latina, son formas de perseverar el modelo neoliberal, de preservar prácticas de producción basadas en un modelo de desarrollo predatorio.

    El laboratorio ciudadano, a nuestro entender, opera justamente en el vector opuesto, buscando fomentar la innovación para la institución del común y acciones que garanticen la preservación de los bienes comunes. Muchas veces, las tácticas de estos diferentes labs pueden incluso ser similares, pero sus propósitos son antagónicos. Siendo así, el laboratorio ciudadano es, sobre todo, un dispositivo político de transformación social.

    El segundo aspecto que considero esencial en el proceso de construcción del LABxS: la centralidad para la cuestión de género. A lo largo de 2017, bajo coordinación de las mujeres que trabajan en el instituto, y la facilitación de Bianca Santana y Lia Rangel, se desarrolló el proyecto Mujeres y el Común. En seis encuentros, con la ayuda de una metodología basada en el triángulo compuesto por escucha, cuidado y repertorio, las cerca de 100 mujeres participantes de ese proceso formularon parámetros y protocolos para que el laboratorio ciudadano promueva el protagonismo de las mujeres y sea un ambiente acogedor de las diferencias.

    Al hacer esto, el LABxS busca romper con la primacía masculina en los espacios de tecnología e innovación. Pero no solo esto. También busca afirmarse como un ambiente en que -como nos enseña el feminismo- «la vida viene antes de la producción».

    Esto significa que hemos buscado ser inventivos en el tema de la relación que establecemos con nuestros cuerpos, con el tiempo y con el trabajo reproductivo, buscando soluciones colectivas para el cuidado de unos con otros, la atención de nuestros niños y ancianos, a la forma como lavamos nuestras ropas, cocinamos nuestra comida, limpiamos los baños, arreglamos nuestras casas o como delegamos eso a alguien.

    Un laboratorio ciudadano es un espacio de innovación, pero muchas veces también debe ser un espacio de preservación. Sobre todo de los conocimientos tradicionales, de la cultura popular, de la ancestralidad, aspectos esenciales para la reconstrucción de una vida vivible.

    Rodrigo Savazoni

     

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