La reinvención del espacio urbano

    Primer ensayo para una supermanzana (Barcelona). Fotografía de Roser Esterlich
    Ignacio Grávalos y Patrizia Di Monte abren con este artículo el Tema-LAAAB ‘Espacios urbanos centrados en las personas’.

    Un Tema del LAAAB es una colección de artículos que conforman un hilo narrativo a partir de las reflexiones de personas con distintos perfiles y desde todo el mundo.


    Cada época le ha conferido un sentido diverso al espacio público. El carácter democrático, la concepción de la sociedad, el compromiso participativo o el sentimiento de comunidad han tenido siempre su reflejo en el espacio que la ciudad concibe para el ciudadano.

    Las diversas consideraciones sobre los límites de lo público y lo privado[1], han ido variando históricamente debido, fundamentalmente, a las transformaciones de las formas de trabajo. La consolidación de la familia nuclear tras la revolución industrial produjo una reprogramación de los espacios del habitar, antes coincidentes con el espacio de trabajo. La percepción de los diversos ámbitos, desde la casa a la ciudad, y sus correspondientes grados de hermetismo o extroversión hacia el dominio de lo público, han configurado a lo largo de los años diversas maneras de relación entre las personas. Estas transformaciones, que son constantes y cada vez más veloces, van haciendo de la ciudad un organismo vivo y mutante que debe ir dando respuestas adaptándose a estos cambios.

    En las décadas de los años sesenta y setenta, el modelo de ciudad norteamericana cuestionó el carácter público de los espacios de la ciudad[2], trasladándolos a espacios privados que trataban de sustituirlo. Estas dinámicas, exportadas a Europa con diversos resultados, introdujeron un debate sobre las relaciones de lo público frente a las supuestas desestabilizaciones formuladas por la sociedad de consumo[3]. Surgieron entonces movimientos reivindicativos que exigían la devolución del sentido público de la ciudad y la recuperación tradicional del carácter de la calle. Se produjo una doble reacción en el pensamiento urbano. Por una parte, emergió la figura del advocacy planning, destinada a incorporar la realidad cotidiana a los planes urbanos a través de procesos participativos inclusivos. Paralelamente, y conscientes de la rigidez de las estructuras del planeamiento urbano, aparecieron colectivos que, hackeando el sistema, desencadenaron una serie de activismos destinados a restaurar la dimensión humana de los espacios públicos.

    A todas estas consideraciones sobre los espacios canónicos de la ciudad, las calles y plazas, se han ido uniendo la eclosión de los nuevos espacios virtuales de la red que, en cierto modo, constituyen un espacio público paralelo, en la que diversos intercambios se producen bajo códigos digitales. La convivencia, la retroalimentación o la activación mutua de estos nuevos lugares constituyen una reflexión insoslayable en la concepción contemporánea de la ciudad.

    El constante re-equilibrio de los ámbitos público-privado y sus nuevos modos de relación han puesto en escena una tercera vía que ensaya otras maneras de entender la ciudad en las que el ciudadano adquiere una jerarquía que el sistema ya no puede ignorar. Los procesos participativos, las nuevas formas de gestión o la introducción tecnológica son elementos que van a definir, o mejor, están ya definiendo los nuevos espacios urbanos.

    El planteamiento de otros modelos de gestión se está experimentando cada vez más en diversas ciudades europeas, que buscan formulas alternativas en el contexto de una omnipresente incertidumbre financiera. La reconsideración sobre los bienes comunes ha determinado un modo novedoso de relación en la que el ciudadano no sólo participa en la toma de decisiones sobre los espacios públicos sino que adquiere compromisos en la gestión de los mismos. La delegación de funciones históricamente exclusivas de la Administración en diversos colectivos ciudadanos pone de manifiesto otro debate que orbita entre dos polos opuestos: la consideración de un ciudadano con una presencia activa en la conformación de a ciudad y su visión opuesta, la del ciudadano abandonado por el ámbito público y en el que descarga gran parte de su responsabilidad.

    Sin embargo, este caos que anula las fronteras tradicionales entre las atribuciones de lo público y lo privado, posibilita la invención de metodologías relacionales que irán ensayando y experimentando nuevas formas de ciudad. La visión estratégica, la condición colaborativa del sector público, el poder de seducción comunicativa de los municipios o la implicación ciudadana serán elementos que tendrán que ser reformulados a través de procesos democráticos, para ir acercando cada vez más las respuestas de la Administración a las necesidades reales de los ciudadanos.

    Derivados en muchos casos de los ensayos iniciados en la década de los años setenta, los métodos participativos sobre las decisiones de la ciudad, pero también las pequeñas subversiones urbanas formuladas desde la disidencia o desde ámbitos alejados de las políticas municipales, deberán ser considerados para la construcción del nuevo espacio público. Todo ello, por tanto, va a exigir una nueva re-elaboración de los límites tradicionales de relación de lo público y lo privado, cada vez más difusos o indefinidos.

    Finalmente, quedará por interpretar la incidencia de los espacios digitales como conformadores de nuevas oportunidades urbanas. Será necesario adaptar el espacio virtual a la realidad cotidiana de las personas, en un intento, en palabras de Saskia Sassen, de “urbanizar la tecnología, de ir más allá del momento de los ingenieros” para que el espacio público sea la voz a los ciudadanos a través de un urbanismo de código abierto.

    Este contexto, que abarca tanto el espacio físico de la ciudad como al nuevo espacio digital que se superpone, permite plantear una taxonomía estratégica que, como veremos en próximos post (en este hilo narrativo: Tema-LAAAB ‘Espacios urbanos centrados en las personas’), parten de iniciativas imaginativas capaces de reinventar lo cotidiano[4]. Todo ello hace referencia a una ciudad que se va re-imaginando poco a poco y que, consciente de que las fórmulas del ayer ya no son válidas, se ajusta a tiempo real a las transformaciones sociales.

    [1] Sennet, Richard. El declive del hombre público. Anagrama. Barcelona, 2011

    [2] Davis, Mike. Ciudad de cuarzo: arqueología del futuro en Los Ángeles.Lengua de Trapo. Madrid, 2003

    [3] Baudrillard, Jean. La sociedad de consumo. Siglo XXI. Madrid, 2009

    [4] De Certeau, Michel. La invención de lo cotidiano. Universidad Iberoamericana. México, 2007

     

    Ignacio Grávalos y Patrizia Di Monte

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    • Patrizia Di Monte e Ignacio Grávalos, fundan gravalosdimonte arquitectos en 1998 en Zaragoza. Combinan la actividad profesional con la docente. Profesores invitados en numerosas universidades y foros internacionales. Desarrollan proyectos culturales, que abarcan desde el arte a la arquitectura, estrategias de regeneración urbana, paisajismo, arquitectura participativa, urbanismo sostenible y de emergencia. Son los autores intelectuales de los programas experimentales “estonoesunsolar” (intervención temporal en espacios abandonados) y "out" (office of temporary use).

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