Post de Pablo Martínez Díez incluido en la cadena de artículos que forman el Tema-LAAAB ‘Cartografiar lo imposible’ capitaneado por Mauro Gil-Fournier | VIC

     

    Si con la aparición de internet apareció la brecha digital como consecuencia de la incorrecta distribución de esta, hoy en un mundo ya casi completamente digitalizado nos encontramos ante la posible brecha de datos, es decir la desigualdad social causada por una incorrecta datificación de nuestro entorno, generando modelos decisionales incompletos y sesgados sobre los que luego operarán los algoritmos para la gestión de distintos aspectos de nuestra vida, privilegiando así aquel sector de la sociedad que cuenta con una correcta datificación de su entorno. Ante este nuevo reto nos planteamos las siguientes preguntas:

    ¿Qué problemáticas de nuestras ciudades estamos olvidando a causa de la falta de datos sobre estas?

    ¿Qué desventajas estamos causando a una parte de la sociedad de esta falta de datos?

    ¿Cómo puede la ciudadanía al margen de la administración y sin emplear tecnologías complejas generar datos?

    ¿A quién pertenecen los datos recolectados colectivamente? Existen licencias para ello?

    Pongamos por ejemplo la demografía de una ciudad. Un problema abordado por la estadística desde sus orígenes y que aún hoy presenta desafíos. Comprender cuál es la población de una ciudad es más complejo que contar el número de ciudadanos censados. También requiere contar a los visitantes y a aquellas personas que residen en la ciudad durante cortas temporadas, y además, contarlos por horas, semanas y meses, y con una precisión real. Pero sin ir más lejos los censos de población no reflejan el número de personas que viven en la calle ni aquellos ciudadanos que carecen de los papeles administrativos en regla.

    Sin un buen censo de la población que incluya también a los sectores más vulnerables no podremos dimensionar los servicios de los cuales la ciudad debe disponer, tampoco podremos medir su evolución y transformación, así como tampoco podremos saber si las medidas tomadas han servido para solucionar un problema de tal gravedad. Las políticas públicas, su desarrollo y evaluación, quedan ciegas a fenómenos cruciales.

    En Barcelona la fundación Arrels, dedicada a cubrir las necesidades de las personas sin hogar y acompañarlas en su itinerario personal, desarrolla desde hace varios años un censo de los ciudadanos que viven en la calle. Se trata de una evolución del recuento que ya desarrollaban hace aún más tiempo y del cual el ayuntamiento en los últimos tres años ha asumido su gestión. La estrategia para realizar este censo, como también sucede en otras ciudades del mundo como en Londres o en Los Ángeles, consiste en organizar una exploración de la ciudad en una única noche que permita identificar ocularmente las personas que duermen al raso, Para ello es importante movilizar grandes equipos de voluntarios (en Barcelona participan alrededor de 1.000 personas) que permitan hacer la exploración en el menor tiempo posible, lo que garantizará mayor precisión en el conteo.

    Para la realización del censo de Arrels cuenta con la herramienta de código abierto OpenPapers  desarrollada por 300.00Km/s que hace uso de la baja tecnología para acceder al mayor público posible y garantizar la correcta recolección del dato. En vez de desarrollar una app móvil con posibilidad de utilizar el GPS para el geoposicionamiento además de otras ventajas, se desarrolló algo aparentemente tan simple com un atlas de la ciudad en papel.

    El uso de mapas de papel cubre la necesidad de utilizar grandes cartografías que permiten a los grupos de exploración tener una visión global del territorio a recorrer. También se optó por el papel para mejorar la calidad del geoposicionamiento. El efecto túnel que producen las calles estrechas junto con la lenta e irregular velocidad en la que se desplazan los voluntarios impiden una utilización fiable del GPS, generando un gran margen de error a la vez que desorientando a los mismos voluntarios. La utilización del papel permite reducir los requisitos de formación de los voluntarios en cuanto al conocimiento de tecnología, lo que favorece la participación de personas de muy bajos recursos que anteriormente habían vivido en la calle y que ahora ayudan en estos procesos. De este modo, el papel cumple los requisitos tecnológicos que otras herramientas más modernas todavía no alcanzan.

    Estos mapas están creados mediante una programa SIG que se apoya en QGIS y OPENCV (entre otras tecnologías) y que permite la extracción de las cartografías con los requisitos necesarios para su uso. La herramienta tiene importantes precedentes como Field Papers, pero a diferencia de esta permite la organización del atlas en grupos de trabajo además de utilizar la base cartográfica que se desee (se utiliza un mapa con mayor calidad que el ofrecido por OSM. Entre otras características:

    • Organiza la ciudad en áreas de de coordinaciones y subareas de exploración, y permite generar un atlas para la coordinación de los equipos.
    • Etiqueta cada hoja de papel con un código QR y un código de barras para que cada hoja pueda ser trazada posteriormente por los equipos de revisión.
    • Optimiza el consumo de papel ajustando las dimensiones del área a explorar a los límites del papel.
    • Permite utilizar una base cartográfica propia adecuada para cada situación. En este caso, se ha utilizado una base cartográfica que hace énfasis en los parques y en los cajeros automáticos.
    • Genera un cuestionario asociado a cada mapa, vinculado a él mediante el código de barras, que permite una recolección de la información estructurada.
    • Finalmente toda la información generada por los voluntarios puede ser escaneada de nuevo y digitalizada. Se construye una cartografía como resultado de la unión de cada uno de los fragmentos que cada voluntario ha rellenado y los formularios se leen automáticamente.

    Cada año el programa incorpora las mejoras que fundación Arrels necesita así como el de aquellas ciudades que poco a poco han pedido la colaboración de la entidad para la gestión de sus recuentos, entre otras: Mataró, Badalona, Reus, Tarragona y Terrassa.

    Mediante esta información la fundación Arrels no solamente mejora sus planes de acción sino que monitoriza la evolución de la problemática e informa a las administraciones. La necesidad de acciones como éstas son cruciales para garantizar que existan datos de calidad para describir nuestro entorno aunque a veces éstos no puedan ser capturados por sensores ni mediante teléfonos móviles.

    Gracias a la colaboración ciudadana es posible generar datos que de otra forma sería imposible obtener. La colaboración masiva puede aportar números relevantes para datificar problemas imposibles de trazar mediante sensores y que éstos no sean olvidados. La brecha de datos es un nuevo reto en nuestra sociedad que encuentra una respuesta en la acción ciudadana organizada capaz construir abordar las nuevas cuestiones que se nos plantean.

    Si quieres utilizar Open Papers o ayudarnos con una línea de código aquí tienes el repositorio.

     

    Pablo Martínez Díez

     

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