NO ESTOY GORDA, LO SOY

    «Si lo digo por tu salud»; «que no lo digo con mala intención»; «si es que tenéis la piel muy fina, no se puede decir nada ahora»; «son cosas de niños, ya crecerán»; «ese pantalón te marca, con una faja te quedará mejor…»

    Mi vida, desde que yo recuerdo, ha estado marcada por mi peso. He sido siempre gorda y he usado esa palabra para describirme, no estoy redonda, rellenita, fuerte… Hay hombres y mujeres gordos y no es despectivo usar ese término.

    Según la RAE, “gordo” es: «1. adj. De abundantes carnes». La primera acepción dice eso y ninguna de las siguientes tiene que ver con insultar, por lo tanto, ¿por qué no empezamos a usarla simplemente como una característica más? Paula es alta y rubia, su marido es gordo y con gafas; sin más y sin menos, descriptivo. Normalicemos sin valorar.

    Desde la infancia crecemos en una sociedad que identifica delgadez con una serie de valores que están lejos de la realidad: en películas, series, redes sociales o programas de televisión el éxito se representa con mujeres y hombres normativos, delgados, son gente sana, sonriente, exitosa y socialmente aceptada. ¿Cómo no vamos a querer ser así de mayores? ¿Cómo le decimos a un adolescente que está empezando a vivir que eso no es la realidad si es lo que ve día a día?.

    Ser gordo o gorda todos los días es una odisea: en el tranvía o dejo medio culo en la ventana o lo mantengo en el aire en el pasillo. La vida está hecha para los cuerpos normativos: de las sillas de los bares en la barra me caigo por ambos lados, por no hablar de las miradas de algunas dependientas en tiendas de ropa de grandes cadenas. Yo he preguntado por una talla para hacer un regalo y me han respondido que no había para mí.

    Hace unas semanas una conocida presentadora abría un supuesto debate en sus redes sociales sobre el cuerpo de una modelo de bañadores. Antes de continuar me gustaría mostrar mi absoluto desacuerdo con aquellos que llenaron las redes sociales de esa chica de odio y amenazas: la violencia nunca es el camino, lanzar odio nunca es la solución. Me hubiera encantado sentarme con Adriana Abenia y explicarle mi visión, un café y un abrazo: hacerle entender el punto de vista desde el que las personas gordas leemos su texto.

    Ella decía, tras los comentarios recibidos, que lo único que quería era saber qué opinaba la gente, si pensaban que era hacer apología de la obesidad poner modelos con sobrepeso. Hay varias cosas que al respecto de esto me gustaría compartir. Por un lado, que la modelo en cuestión, Malia Kaleopaa, es instructora de surf y desconozco, al igual que del resto de protagonistas del anuncio, su estado de salud.

    Por otro lado, como persona gorda, saber que esta marca hace bañadores que contemplan mi talla es enriquecedor y tremendamente reconfortante. Las gordas vamos a la playa y la piscina y llevamos bañadores y bikinis. Tendremos que tener de nuestra talla, ¡vamos!, digo yo, si ponérmelo y salir a la calle es hacer apología de la obesidad, entonces existir es hacer apología de la obesidad.

    Y por último, pedir opinión sobre el cuerpo de esa chica no es generar debate: es agredirla directamente, es preguntar qué opinas sobre el cuerpo de alguien sin que ese alguien te haya pedido tu opinión o la de tus miles de seguidores. Los influencers tienen un altavoz y, por tanto, una responsabilidad.

    Por esa responsabilidad, si tu cuerpo es normativo, no hagas videos hablando de complejos intentado hacer activismo. No te aprietes ni saques barriga, no fuerces michelines, respeta que otras lo hagan. Usar estas herramientas es aprovecharse y generar más sufrimiento. Ojo, no desprecio tus complejos ni mucho menos tu sufrimiento, pero si tu cuerpo es normativo la violencia estética que sufres no puede compararse con la que he sufrido yo que tengo esos michelines sin forzarlos, esta celulitis a diario y esta tripa sin tener que llenarla de mentira.

    Piensa, desde tu posición, si alguna vez alguien te ha mirado con desprecio entre la gente, si alguien te ha dicho que no había pantalones de tu talla o que la única ropa de vestir que podía ofrecerte era la de madrina, con apenas 20 años. Piensa en ello, intenta ponerte en mis zapatos, en los de una adolescente que no tenía la camiseta de Mango que sí tenían sus amigas porque no existía de su talla. Piensa en que en clase yo era la gorda, blanco de los insultos, y que además mis amigas reían las gracias y quedaban de copas con mi agresor. Si no has vivido eso, por favor, no me hables a mí de body positive, no me hables de aprender a quererme, me ha costado años luchar contra todo.

    Nos piden a las personas gordas que hagamos deporte, pero cuando en la publicidad hay mujeres o hombres grandes las marcas de deporte hacen apología de la obesidad. Entonces mi pregunta es: ¿de dónde saco yo la ropa para hacer deporte? ¿me escondo para hacerlo hasta que mi cuerpo sea digno de las miradas del resto?.

    Estamos en medio de una sociedad que nos pide a las personas gordas que mejoremos nuestra autoestima, sintiéndonos culpables por ser gordas y por no ser capaces de querernos, pero nadie nos habla del agradecimiento. Nuestros cuerpos siguen ahí, tras maltratarlos y despreciarlos, tras no querer cuidarlos y mimarlos: nuestros cuerpos siguen fieles, latiendo.

    Ese cuerpo nos permite abrazar a nuestras amistades, acuerpar a nuestras parejas y apapachar a nuestra familia; ese cuerpo nos permite bailar, reír y follar; ese cuerpo nos permite descubrir lugares nuevos, oler café y, lo más importante, comer croquetas (sí, para mi es motivo absoluto de felicidad). Igual tú que me lees y no tienes obesidad deberías mirarte dentro y pensar.

    Si tú que me lees en algún momento ves a alguien gorda o gordo y vas a dar tu opinión sobre su cuerpo, amparándote en su salud, analiza antes qué vas a decir y qué información tienes. Si desconoces sus analíticas o revisiones médicas te recuerdo que desconoces su estado de salud, así que no opines. Esa persona tiene espejos en su casa y es consciente de su realidad, no necesita opiniones externas a no ser que las pida. Y si presencias una agresión verbal o física, por favor, no te calles. La gordofobia es cosa de todas las personas y está en nuestras manos hacerla desaparecer.

    La gordura duele a diario: la violencia estética está en cada anuncio que vemos, en cada mirada de desprecio, en cada tienda en la que no nos “pueden” vestir. Ser gordo o gorda hace que tus monstruos de la mochila pesen aún más que tú. Ser gorda o gordo en la sociedad que nos rodea te lleva a sufrir trastornos de la conducta alimentaria (TCAs), te lleva a odiar tu cuerpo, te lleva a maltratarlo, a hacerle daño, a no querer vivir en él…

    En el mundo en el que vivimos la gordura te resta libertades. Y habrá quien me lea, se eche las manos a la cabeza y me discuta que nadie me prohíbe ir a una manifestación, asistir a un concierto, votar o expresar mi opinión en un debate. Está en lo cierto, en que no está expresamente prohibido que yo hable, grite o baile. Pero esa persona probablemente no sabe lo que unas miradas y cuchicheos pueden hacer. Sentirse observada, juzgada y menospreciada es algo que las personas gordas sentimos muchas veces. La vida pública necesita cuerpos diversos: necesitamos sentir que tenemos espacios seguros; que hay más personas con obesidad ocupando cargos públicos; que contratar a una persona gorda no es hacer apología de la obesidad, solo es contratar a una persona que tiene la capacidad de hacer un trabajo sin poner en el foco principal su peso.

    Intentar explicar cómo me he sentido en alguna ocasión al levantar mi voz es complicado y siento, en ocasiones, que hay personas que no son conscientes de sus privilegios. Si no has sido gordo o gorda, lo siento, no vas a poder entender cómo nos sentimos: puedes intentar empatizar y respetar, pero nunca sentir como esa mirada se clava en tu michelín el día que decides ponerte un bañador con 14 años y acudir con tus amigas a la piscina; no vas a entender lo que se siente cuando la madre de una de tus amigas te recomienda hacer dieta porque a la larga va a ser mejor para tu salud, cuando tienes 15 años y estás de fiestas con tus amigas. 15 años.

    No voy a decir que las cosas han cambiado, la vida pública sigue siendo un mundo de cuerpos normativos, los protagonistas siguen siendo normativos, los héroes siguen siendo normativos. Hoy sí se puede decir que tenemos verdaderas musas que a diario hacen mi vida mejor, más fácil y, sobre todo, más feliz. No dejes de conocer en redes a Mara Jimenez “Croquetamente”, a Magda Piñeiro o Teresa López. ellas, entre risas, son capaces de enseñarnos que se puede creer, cambiar y volar.

    Soy gorda y me encantaría que alguien me hubiera dicho:

    • «No tienes nada que merezca ser escondido».
    • «Ponte para ir a la playa lo que quieras, no te pongas el bañador sólo porque te lo digan. Si quieres un bikini, póntelo; si quieres hacer topless, hazlo».
    • «Eres estupenda tal y como eres».
    • «El deporte es divertido y genera endorfinas, su objetivo es que seas feliz, no que adelgaces».

    Mary Carmen Bozal

    Periodista, feminista, madre y activista por necesidad.

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    • Laboratorio para fomentar la participación ciudadana en el diseño de políticas públicas. El LAAAB es una herramienta de innovación democrática y un espacio de encuentro entre la administración y la sociedad civil, un lugar donde cooperar, reflexionar y experimentar juntxs sobre los desafíos comunes.

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