Entrevista a Anabel Beltrán

Licenciada en Derecho. Funcionaria del Cuerpo de Administradores Superiores de la Administración de la Comunidad Autónoma de Aragón desde 1987.

De 2005 a 2009 fui la Jefe de Área de Contratación y Compras de la sociedad estatal que tenía por objeto la gestión, la promoción, organización y operación de la Exposición Internacional de Zaragoza 2008.

Después de dedicarme durante años a la contratación pública desde todos los aspectos: control, gestión, asesoramiento, resolución de conflictos… en 2016 decidí “redecorar” mi vida profesional y hacer de la transparencia mi afán.

Desde entonces soy la Jefa del Servicio de Transparencia del Gobierno de Aragón y la Secretaria del Consejo de Transparencia de Aragón.

¿Dónde naciste?

Nací aquí en Zaragoza

 ¿De dónde te sientes?

Yo me siento un poco ciudadana del mundo, pero también me siento muy maña, muy de Zaragoza; nunca he entendido esos conflictos territoriales.

¿Dónde creciste? ¿Cómo lo recuerdas?

En realidad, he pasado toda mi vida en Zaragoza. Mi infancia fue muy feliz. Soy la tercera de cuatro hermanos y recuerdo que mis padres eran muy modernos para la época y nos educaron en la independencia y en total igualdad.

¿A qué colegio fuiste? ¿Cómo recuerdas esa etapa de tu vida?

En eso también he sido un poco especial, porque cambié varias veces de colegio. Empecé en Franciscanos con mis hermanos, de donde guardo un recuerdo maravilloso de mi primera profesora, Angelines. De ahí pasé a La Consolación donde estuvimos poco tiempo por discrepancias con el modelo educativo. Posteriormente estudié en el colegio Santa Rosa hasta terminar la EGB. Tuve la suerte de estrenar el IES D. Pedro de Luna, que representó una experiencia muy enriquecedora para mí a todos los niveles.

¿Qué hacías cuando no estabas en el colegio?

Anabel Beltrán – Mis padres eran muy montañeros y solíamos subir al Pirineo con bastante frecuencia; los veranos en la playa… Y aunque no he sido muy deportista sí que me gustaba mucho jugar. Desde la infancia, he sido siempre muy lectora y me ha encantado la literatura.

 ¿Qué estudiaste y por qué?

Anabel Beltrán-Estudié la carrera de Derecho y siempre tuve claro que mi carrera profesional iba encaminada a la Administración Pública, al servicio público.

¿Encontraste dificultades por el hecho de ser niña?

No las encontré, o quizá no las supe ver. Yo, en realidad he llegado al feminismo ya en mi edad adulta porque tuve suerte de nacer en una familia en la que se nos educó en igualdad tanto a los chicos como a las chicas; porque mi madre, que sí que sufrió muchas discriminaciones por el hecho de ser mujer, no quería que les pasara a sus hijas. Por eso creí, falsamente, que en los años 70 y 80 estábamos en igualdad total.

 Y cuando llegas a la edad adulta y decides formar tu propia familia…

Me casé a los 22 años, tras una relación bastante corta, con un hombre maravilloso con el que he compartido y sigo compartiendo mi vida a día de hoy: la casa, la crianza de nuestros hijos y de nuestros mayores, etc. Yo he trabajado siempre más horas que mi pareja, pero eso no ha supuesto ningún problema en nuestra relación.

 ¿Sientes que hayas tenido que renunciar a algo para alcanzar tu desarrollo profesional?

Sí, a muchísimas cosas. En su momento no las viví como tales, pero ahora me doy cuenta de que, efectivamente hice muchas renuncias personales. Desde muy joven tuve la oportunidad de ser Jefa de Servicio, y enseguida vinieron a tentarme con propuestas de ser alto cargo, a las que, por motivos personales, de conciliación, o de intereses temporales no quise aceptar. Hasta hace poco tiempo he tenido la sensación de que, por ser mujer, tenía que dar mucho más de mí a nivel profesional que los hombres.

Ahora creo que las mujeres de mi generación hemos sido unas absolutas heroínas; que nos hemos entregado al trabajo con niveles de dedicación y compromiso muy altos, debido a esa creencia de que por ser mujeres y tener hijos íbamos a rendir menos o teníamos que demostrar más. En mi caso, la conciliación se basaba en el esfuerzo de mi pareja y en la ayuda de personas externas contratadas para ayudarnos, con un coste personal y económico alto. Porque tampoco queríamos abusar de las abuelas y abuelos para que nos ayudaran, puesto que pensamos que ya han trabajado y criado suficiente en sus vidas.

¿A qué dedicas tu tiempo?

Actualmente, ya he terminado prácticamente esa etapa intensa de crianza de hijos, y aunque tenemos obligaciones y cuidados de nuestros mayores, dedico mi tiempo libre principalmente a leer y a ir al cine, dos de mis grandes pasiones. Estoy “enferma de cine”, yo no puedo vivir sin pasar por la gran pantalla. Necesito ir al cine, al teatro a ver espectáculos… De hecho, tenemos una productora audiovisual de carácter familiar, desde la que hemos producido algunos trabajos, y dedicamos mucho tiempo a la producción y distribución.

Además me gusta mucho viajar; me escapo al Pirineo siempre que puedo.

¿Cómo te sientes contigo misma? ¿Eres feliz?

Yo me siento muy satisfecha. Voy a cumplir 60 años y creo que he conseguido en la vida el doble de lo que me propuse, si es que me propuse alguna vez algo, que no estoy muy segura de eso. Estoy muy feliz desde el punto de vista personal, tengo una familia estupenda, tanto la nuclear como la extensa. Mi pareja y yo estamos muy contentos de seguir juntos después de casi cuarenta años.

Profesionalmente he hecho cosas con las que nunca hubiera soñado, como la Expo Zaragoza 2008 que supuso una revolución en mi vida en todos los sentidos: fue un aprendizaje extraordinario, me dio la oportunidad de conocer a multitud de personas de todo el mundo y a través de ese proyecto pude participar en un acontecimiento histórico para nuestra ciudad.

Lo único que echo en falta, desde mi perspectiva actual, y viendo como mis hijos han tenido la oportunidad de estudiar en el extranjero, de aprender otros idiomas… eso sí que lo echo un poco en falta, me da hasta una cierta envidia sana. Me hubiera gustado tener la oportunidad de vivir en el extranjero y de conocer otras culturas en profundidad.

¿Cómo te gustaría ser recordada? 

A mí lo que más orgullo me da de toda la gente que ha trabajado conmigo, es que me recuerdan como una jefa que siempre los comprendió, como alguien empático, como alguien bueno, y si además me recuerdan como alguien con talento y con rigor…

 Es curioso que cuando hacemos esta pregunta a los hombres suelen querer ser recordados por sus logros…

Lo decía muy bien la gran poetisa Gloria Fuertes: “Bondad y talento, y aquí se termina el cuento”. Por encima de todo quisiera que se me recordara como una persona con bondad, generosidad y empatía. Y siempre he puesto mucha pasión en todo lo que he hecho; no entiendo la vida sin pasión.

 Y, para poner fin a esta entrevista, me gustaría conocer tu opinión personal sobre la situación actual de la igualdad entre hombres y mujeres.

Pues ahora recuerdo, que cuando hace algunos años, trabajé con la primera y única mujer consejera del Gobierno de Aragón, después de varias legislaturas, para mí no fue un hecho remarcable. Ana María Cortés, gran persona y excelente profesional, quien a sus más de noventa años conserva plenas facultades fue, como te decía la primera consejera, y no tuvo ninguna relevancia especial el hecho de que una mujer accediera a un cargo de tal responsabilidad y que fuera la primera.

Si me hubieras hecho esta pregunta hace dos o tres años te habría contestado de otra manera, porque era cuando yo tomé conciencia de que era una feminista que no había ejercido lo suficiente, quizás, porque había vivido un poco engañada sobre mi situación personal.

¿Qué cómo veo ahora el feminismo? Hasta hace poco lo veía con mucho más optimismo, se han producido en los últimos años grandes avances en política de igualdad. Sin embargo, en el momento actual lo veo con preocupación, ante las presiones para retroceder en cuestiones de igualdad e incluso con la negación por parte de determinados sectores de la violencia de género. Por ello me siento muy preocupada y al mismo tiempo muy reivindicativa. Si hasta ahora he sido feminista, a partir de ahora voy a ser una tremenda feminista.

 

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