LA LIBERTAD ESTÁ EN EL ATREVIMIENTO: CRÓNICA DEL CINEFÓRUM DE LOS ESPIGADORES Y LA ESPIGADORA.
No había quien levantara de sus asientos a la #ComunidadAspasia el 20 de septiembre tras ver Los espigadores y la espigadora, de Agnès Varda, y estar conversando con Imma Merino. Una tarde de cine; de retratos y autorretratos de mujeres; y de mucha participación, debate e intercambio de miradas cinéfilas que abrió el ciclo Mujeres tras las cámaras: retratos y autorretratos, que continuará en octubre y noviembre.
Ana Asensio Burriel, integrante de la asociación “Mujeres y Cine”, y cómplice cultural de #ComunidadAspasia, dio la bienvenida e hizo una presentación exhaustiva, concreta y motivadora tanto de la cineasta Agnès Varda, directora del largometraje documental que se proyectaba, como de Imma Merino, la mayor especialista de la península en su vida y obra. Una exposición inicial que puedes consultar aquí debajo y que puso a tono a todo el mundo para adentrarse en la película.
Más de la mitad de quienes asistieron no habían visto la maravilla cinematográfica que es Los espigadores y la espigadora, producida en el año 2000, que habla, en cuanto a su contenido principal, sobre recolectar, reaprovechar y reciclar. Además, Agnès Varda, la gran voz femenina de la Nouvelle vague y una de las mayores referentes del cine hecho por mujeres y feminista, reflexiona, a lo largo de todo el metraje, sobre cómo vemos y cómo nos ven, sobre el retrato y el autorretrato.
Como bien dijo Imma sobre la grandeza cinematográfica de Varda: «La libertad también está en el atrevimiento, puesto que se puso a filmar cuando ella misma solo había visto 10 o 12 películas»; si bien su formación como historiadora del arte y su experiencia previa como fotógrafa profesional se reflejan en el documental de manera mágica. Merino, quien conoció y visitó a Varda en diferentes ocasiones, contó anécdotas curiosas de cómo era Varda y cómo entendía el cine y el feminismo.

Otro de los grandes avances que Varda aportó, cuando en el 2000 se empezaban a utilizar las cámaras digitales y no se apostaba mucho por ellas en el ámbito del cine profesional, fue poner sobre la mesa la accesibilidad y autonomía que permitían, así como un acercamiento a las personas de manera menos intimidatoria que las máquinas de rodaje tradicionales. Imma Merino reflejó cómo estas características de ‘lo digital’ tenían mucho que ver con lo feminista y con el cine.
Y más cuando Agnès empezó a utilizar las cámaras digitales para autorretratarse una mano usando la cámara en la otra, gracias a su tamaño y manejabilidad, cambiando de facto la mediación con una misma y la visión propia: «Siempre ha estado en el cine de Varda cómo filmar los cuerpos, cualquier cuerpo, pero especialmente el de las mujeres y su propio cuerpo, sus manos… Eso se refleja mucho en esta película».
El público participó de manera atenta y acertadísimamente, reflexionando sobre la dignidad, el respeto y la ecuanimidad con la que las personas en situación de vulnerabilidad son retratadas en el filme; sobre cómo muestra siempre diferentes caras o versiones ante una misma situación; sobre las múltiples interconexiones entre cine, fotografía y pintura que se van dando y recreando a lo largo de la película; sobre el carácter lúdico y amoroso del estilo cinematográfico de Varda.

Un público que rescató detalle tras detalle de un documental valiosísimo, con infinitos matices de análisis y que hubiera dado para tres tardes más de comentarios. En grupo, sosteniendo varios autorretratos de Agnès Varda y posando ante las lentes de Pilar Irene Montes (Pimontes, @piillmontes) y Ángel López (@alopezca), que realizaron amablemente las fotos de familia, acabó en el LAAAB un encuentro cinematográfico que continuó en las calles…














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