Dilemas, desafíos y horizontes de cuidar(se) desde una perspectiva de género: así fue el curso universitario

DILEMAS, DESAFÍOS Y HORIZONTES DE CUIDAR(SE) DESDE UNA PERSPECTIVA DE GÉNERO: ASÍ FUE EL CURSO UNIVERSITARIO

Los días 23 y 24 de octubre tuvo lugar el curso extraordinario de la universidad en colaboración con el proyecto Aspasia. En esta ocasión, el tema central fueron los cuidados y su impacto en los ámbitos personal, social y político.

Desde sus distintas disciplinas y trayectorias, las ponentes mostraron cómo los cuidados son tanto la base de la vida como una clave para entender las desigualdades sociales actuales. Para la #ComunidadAspasia, la diversidad de voces que participaron en las ponencias fue especialmente valiosa. Además, por parte de las ponentes, en varias ocasiones se agradeció el nivel de implicación del alumnado en cuanto a sentido crítico, participación, relato de experiencias profesionales y personales… Frente a una realidad marcada por violencias estructurales y desafíos colectivos, el enfoque feminista, el intercambio reflexivo y la construcción conjunta de horizontes igualitarios ofrecieron también un marco estimulante y esperanzador.

El curso fue inaugurado con Marian Franco, Vicerrectora de Comunidad Universitaria y Compromiso Social y Miguel Angel Lafuente, Director General de Relaciones institucionales, acción exterior y transparencia, quienes subrayaron la necesidad de crear estos espacios y reflexionar sobre las problemáticas que todavía siguen colocando a las mujeres en una situación de desventaja en la sociedad.

Isabel Ortega, antropóloga social especializada en género e interseccionalidad y coordinadora del curso, inauguró las jornadas con una ponencia que abordó, desde una mirada antropológica, los sesgos machistas de la teoría de la evolución. Retomó aportaciones como las de Sally Linton, que sitúan los cuidados en el centro del desarrollo humano. También defendió que los cuidados deben ser colectivos y cuestionó el modelo contemporáneo de “madre intensiva”, al que definió como un producto cultural del individualismo capitalista. Concluyó proponiendo una economía feminista orientada a la sostenibilidad de la vida.

Desde Madrid acudió Soledad Murillo, cuya ponencia no dejó a nadie indiferente. Abordó lo que denominó “estafas” vinculadas a la experiencia cotidiana de las mujeres —el trabajo doméstico, la conciliación, la manipulación emocional o el síndrome de la impostora—todo aquello que genera en las mujeres la sensación de culpables. Propone deshacernos de la palabra ‘conciliación’ y utilizar ‘falta de corresponsabilidad’ y nos habló de que “frente a la expropiación del uso del tiempo, son clave la autonomía y la toma de consciencia, porque el cuidado debe emancipar, no limitar ni crear dependencia”.

Laura Nuño, de la URJC, retomó esta línea de reflexión señalando la desigual distribución de los usos del tiempo: cuando las mujeres lo dedican mayoritariamente a cuidar, disponen de menos tiempo que intercambiar por ingresos, lo que contribuye a la brecha salarial de género. Añadió que muchas mujeres siguen definiéndose por su rol de cuidadoras, a diferencia de los hombres, mientras que esta labor se desvaloriza al considerarse “instintiva” y no un acto ético. Recordó, además, a Aleksandra Kollontai, para quien la colectivización del cuidado es clave para la liberación de las mujeres.

Se concluyó la mañana con una mesa redonda donde las tres ponentes dialogaron con las personas asistentes al curso, quienes pusieron de relieve la necesidad de regular el reparto de los cuidados a través de la mejora de políticas públicas para la dependencia y valoración del trabajo de cuidados específicos. También recomendaron lecturas, como ‘Cansadas’ de Nuria Varela.

En la segunda parte del día contamos con Rubén Gracia, actor y educador en igualdad, que habló de cómo la incrementación de la violencia en la sociedad afecta a la empatía, base de los cuidados. Además, nos contó su experiencia impartiendo talleres de igualdad a jóvenes y culminó su ponencia con una representación teatral en la que su compañera Ainhoa Gracia transmitió la realidad de muchas mujeres: el agotamiento de asumir en solitario el sostén de la vida cotidiana.

Como cierre del primer día, David Pac Salas también abordó cómo el uso y la distribución que hacemos de nuestro tiempo está condicionado por nuestra estructura social, esta vez con los datos sobre la mesa, a través de la Encuesta de Empleo del Tiempo (2009-2019) del INE y La Cuenta de los Cuidados de Intermon Oxfam. David culminó con la propuesta de crear unas políticas del tiempo como eje central en las políticas de igualdad.

La primera jornada del curso concluyó con una mesa redonda en la que ambos ponentes dialogaron con las asistentes sobre diversos aspectos críticos, entre ellos los desafíos que enfrenta la docencia a la hora de transmitir valores feministas en un contexto juvenil marcado por una creciente polarización.

En la segunda jornada, Ana Lucía Hernández abrió la mañana con tres principios para abordar la problemática social de los cuidados: justicia social frente a las desigualdades, democratización del cuidado y políticas de redistribución y reconocimiento. Señaló ejemplos positivos, como los ecosistemas de cuidados del País Vasco, pero advirtió sobre otros que al final terminan generando empleos parciales y precarios y cuyo tiempo “ganado” por las mujeres se destina a trabajos domésticos informales y no al autocuidado, como se pretende.

Por su parte, María Pazos interpeló a las políticas públicas como responsables de hacer frente a esta problemática. Según Pazos, las políticas públicas deben ser garantistas del derecho de las mujeres a no ser esclavas de los cuidados, y para ello estos deben estar asegurados para las personas dependientes y cuidadoras por parte de los servicios públicos. Terminó exponiendo ejemplos como el sistema de atención a la dependencia de Dinamarca, o los cohousing.

Sofía Jiménez, centró su ponencia en hablar sobre la mercantilización de los cuidados en el capitalismo digital a través de la plataformización, la cual aumenta la precariedad, informalidad y feminización y supone nuevos retos para la organización de las trabajadoras del hogar. Jiménez advierte de la necesidad de una regulación específica para el trabajo en plataforma que incluya protocolos de discriminación, violencia y acoso sexual, prevención de riesgos psicosociales y sistemas de valoración del tiempo.

Las tres ponentes se juntaron en una mesa redonda para hablar con el alumnado sobre la mercantilización de los cuidados y su precarización, pero también para poner en valor la necesidad de políticas públicas y de calidad que garanticen una estructura de cuidados digna para toda la sociedad.

Desde AFDA, Ana Quintana se ocupó de la parte práctica de las jornadas con un taller experiencial titulado “Me pesa la cabeza” sobre determinantes de salud mental con perspectiva de género. Las participantes, a través de la creación de minicollages, crearon un espacio de reflexión conjunta para deconstruir aquellas ideas que perpetúan la desigualdad de género en el ámbito de la salud mental, atendiendo a las especificidades sociales y emocionales de las mujeres en su experiencia colectiva, en relación con los cuidados.

 

También participaron en la jornada Raquel Sarasa, Manuela Gómez y Sheila Folch de la asociación MUSA de Sabiñánigo, quienes fomentan la Atención Comunitaria con perspectiva de género en la Atención Primaria, buscando trascender el sistema sanitario para satisfacer las necesidades emocionales, sociales y biológicas de las mujeres.  Ellas explicaron su importante labor y enfoque, conscientes de que los cuidados se dan en muchas direcciones y todas ellas deben ser atendidas.

Las jornadas se cerraron con una mesa redonda donde participaron las integrantes de MUSA y Javier Mediel, de AFDA. El diálogo entre las ponentes y las personas asistentes puso en valor que únicamente con una red comunitaria fuerte y corresponsable es posible avanzar hacia un modelo de cuidados más justo, humano y sostenible. Un cierre que no solo recogió lo trabajado, sino que invitó a seguir construyendo espacios donde cuidarnos y reconocer el valor de quienes cuidan.

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  • Laboratorio para fomentar la participación ciudadana en el diseño de políticas públicas. El LAAAB es una herramienta de innovación democrática y un espacio de encuentro entre la administración y la sociedad civil, un lugar donde cooperar, reflexionar y experimentar junt=s sobre los desafíos comunes.

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